Visita a Soria. 2¬ļ ESO

Siempre por estas fechas, finales de octubre o noviembre,¬† solemos visitar lugares cercanos para contemplar construcciones rom√°nicas con los alumnos de 2¬ļ ESO: San Juan de la Pe√Īa, Santa Cruz de la Ser√≥s, San Pedro el Viejo, Santo Domingo o San Juan de Duero‚Ķ¬† Este curso nos toc√≥, como dice la canci√≥n, ‚ÄúCamino Soria‚ÄĚ.

Precipitados por el tiempo para dar el tema del arte de la sociedad feudal y aprovechando las bondades de la climatología, desde los departamentos de Religión y Geografía e Historia programamos esta extraescolar.

Cuando las orillas del Duero se ti√Īen de dorados, ocres y rojizos,¬† el paisaje a San Saturio es muy relajante y aflora la nostalgia del visitante, como le pas√≥ a nuestro poeta Antonio Machado. Algunos versos est√°n grabados en las cortezas de los √°rboles, versos que Machado dedica a su amada Leonor antes de que languidezca como el olmo seco: poes√≠a sencilla, sin lenguaje rebuscado, f√°cil de leer‚Ķ¬† palabras de esperanza de que Leonor encuentre la mejor√≠a a la llegada de la primavera.

El paisaje soriano ha inspirado a poetas: Machado, Gerardo Diego o B√©cquer se sintieron atra√≠dos por la ciudad. Muchos j√≥venes se dirigen a San Saturio para manifestar su amor en ese puente ‚Äúencandado‚ÄĚ o para darse el s√≠ quiero en la Iglesia.

Los alumnos recordar√°n que San Saturio, patr√≥n de la ciudad, fue un anacoreta visigodo que se desprendi√≥ de su herencia para d√°rsela a los necesitados, que fue maestro del joven Prudencio. Prudencio comparti√≥ esta pobreza durante siete a√Īos, realiz√≥ varios milagros y, m√°s tarde,¬† fue sacerdote y obispo de Tarazona.

De vuelta a la ciudad visitamos la iglesia y el claustro de San Juan de Duero. La guía nos recordó que Alfonso I del Batallador entregó esta tierra a los hospitalarios de San Juan. Allí contemplamos el claustro con columnas de diferentes estilos.  Mi intención era que os fijarais en las de estilo románico, en los capiteles, que observarais el tema representado, el mensaje que nos transmiten. Dentro de la iglesia observamos los templetes, la forma que tiene la planta, el ábside y algunas imágenes de los capiteles, cómo puedan ser las de la Sagrada Familia.

Tuvimos la suerte de contar con un buen autob√ļs y un buen conductor, Juanjo,¬† que nos llevaba de un lugar a otro en este d√≠a que anunciaban lluvias. Algunas gotas ca√≠an por Soria, pero no las suficientes para aguarnos el d√≠a.

 

En el coraz√≥n de la ciudad, nos sentamos en el aula de Machado, situada en el instituto que lleva su nombre, y donde dicen que hab√≠a impartido clases. Pudimos observar en las vitrinas actas de evaluaci√≥n, d√≥nde la mayor√≠a de sus alumnos estaban aprobados y un par de sobresalientes. Esta clase me trae recuerdos de cuando ten√≠a menos de diez a√Īos: mesas reclinadas con tintero y ranura para plumillas,¬† con asientos pareados y abatibles, con rejillas por donde se ca√≠a en barro que llev√°bamos los chicos en las botas o en las zapatillas. Mar√≠a, la gu√≠a, nos contaba la vida de Machado, que vivi√≥ hospedado en casa de los padres de la que luego ser√≠a su esposa, una chiquilla que apenas contaba 15 a√Īos cu√°ndo se cas√≥, pero a que la muerte le lleg√≥ demasiado temprano. Nos ley√≥ dos trozos de la poes√≠a de Machado, aquellos grabados en las cortezas de los √°rboles camino a San Saturio.

Siguiendo con nuestra visita llegamos a la iglesia de Santo Domingo,¬† lugar de culto y oraci√≥n por lo que tuvimos que entrar en silencio. Pero lo que m√°s nos interesaba estaba fuera: Esa bonita portada rom√°nica, con sus cuatro arquivoltas con temas de la anunciaci√≥n, del nacimiento, pasi√≥n y resurrecci√≥n de Jesucristo, la matanza de los inocentes, los m√ļsicos ancianos, ¬†la creaci√≥n del hombre, el pecado original‚Ķ; el t√≠mpano, con esa representaci√≥n curiosa del Pantocr√°tor que sostiene a su Hijo y en la parte superior est√° representado el Esp√≠ritu Santo, el misterio trinitario; los detalles en los capiteles en las jambas‚Ķ El simbolismo del arte rom√°nico, el mensaje cristiano por medio de esas Biblias de piedra dirigidas a un pueblo analfabeto.

Lleg√≥ la hora de la comida. D√≥nde mejor que en el centro comercial, un espacio abierto y sin peligros.¬† Recuerdo que cuando sal√≠a del autob√ļs con Fernando y Juanjo, algunos de vosotros ya hab√≠ais entrado al centro comercial.

Por la tarde nos tocaba recordar la historia de un pueblo celt√≠bero, los numantinos. Sobre una maqueta que hab√≠a en el museo, se nos explic√≥ c√≥mo era el poblado de Numancia, el motivo que tuvo Roma para atacarlo y sitiarlo. Vimos c√≥mo viv√≠an en esas casas tan simples pero tan bien dise√Īadas: un fuego central sin chimenea calentaba el habit√°culo; las ramas se cubr√≠an de holl√≠n para hacer ese tejado impermeable al paso del agua de lluvia; ten√≠an espacio para el esparcimiento y para peque√Īos trabajos artesanales. En otra parte del museo nos explicaron el ritual funerario, de c√≥mo se dispon√≠an a la hora de entregar su alma antes de proceder a la incineraci√≥n. Aprendimos tambi√©n que esta civilizaci√≥n cre√≠a en divinidades, que adoraban a las fuerzas de la naturaleza, que ten√≠an a la diosa Epona, representada por un caballito,¬† como diosa de la fertilidad, de la curaci√≥n y de la muerte, de los caballos‚Ķ

Despu√©s de un tiempo libre, alrededor del parque, subimos al autob√ļs que nos llevaba de vuelta a Calamocha.

En fin,¬† un d√≠a muy bonito, el √ļltimo viaje que hago con vosotros. Espero que os haya servido como diversi√≥n, pero tambi√©n como aprendizaje.

Tom√°s √Āngel Saura P√©rez

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